jueves, 10 de enero de 2019

LA ORDEN DEL TEMPLE Y EL GRIAL.




EL FINAL DE LA BÚSQUEDA
(Por Sergio Solsona Palma. texto original en Maestrazgo templario)

La relación del Grial con la Orden de los caballeros del templo de Salomón comienza documentalmente en 1215. Es en este año, aproximadamente, cuando un trovador alemán, Wolfran bon Essembach, termina  un extenso poema titulado “Parsifal y el cuento del Grial”. En concreto son estos versos, los que relacionan el Grial con el Temple.

“El anfitrión dijo: «Sé bien que viven muchos valientes caballeros en Munsalwäsche, junto al Grial. Cabalgan una y otra vez en busca de aventuras. Consigan la derrota o la victoria, estos templarios expían así sus pecados. Habita allí una tropa bien ex-perimentada en la lucha. Os diré de qué viven: se alimentan de una piedra, cuya esencia es totalmente pura.”



Durante décadas, los historiadores han estado investigando si existió un objeto, que pudo dar origen a estos cantares épicos. Los trabajos de historiadores como Michael Hesseman, Andre de Mandach o Philip Coppens, entre muchos otros, adjudican al Santo cáliz que se encuentra en Valencia como el objeto que generó el concepto de Grial.

Para hacerlo proponen numerosos motivos, que acercarían la leyenda creada con estas ,y otras composiciones literarias con este santo cáliz. Entre ellas se podrían encontrar la descripción que se hace del castillo del Grial que coincide con el monasterio San Juan de la Peña donde esta reliquia se conservó durante la edad media. El legendario Montsalwage que cita Wolfram sería el Mont-Salvatoris situado en los pirineos, a cuyos pies se alza aquel monasterio/fortaleza.
Otro de los motivos es que en ocasiones el rey que custodia este objeto, junto a sus caballeros, recibe el nombre de Anfortas. Este nombre, se intercala con el de Arturo a lo largo de este extenso poema. Los investigadores relacionan  este nombre con Alfonso I de Pamplona y Aragón. Este monarca gobernó entre 1104  y 1134 y se hizo nombrar como “Aldefonsus totius rex” y firmaría muchos documentos como Anfortius.

Su relación con la incipiente orden del temple fue muy estrecha. Durante su reinado, muchas de sus tropas pertenecían a la milicia de cristo y provenían de toda Europa. Junto con todo ese potencial humano, pudo llevar a cabo gran parte de la Reconquista. Durante aquellos años, los combates contra el integrismo musulmán, fueron muy importantes y atrajeron a numerosos templarios a la cruzada del sur, esta era la denominación, de las guerras religiosas en la península ibérica.

Los caballeros que aparecen en esta saga han sido identificados como los nobles que acompañaron a Alfonso I en sus batallas. Entre ellos podemos citar a Rotreau III de Perche que se convertiría en el Perche-Vall. Así nació la leyenda de Perceval. La relación de esta familia nobiliaria con la orden del Temple fue muy estrecha. Muchos de sus miembros fueron templarios y algunos, como en el caso de Rotreau, tomaban la cruz roja temporalmente, cuando luchaban por motivos religiosos, tanto en tierra Santa como al sur de los Pirineos.

Tras la muerte sin descendencia de Alfonso I “el batallador” es su testamento dejó una tercera parte de su reino a la Orden del Temple. Pese a que su última voluntad no fue respetada, esto permitió a aquella hermandad poder recibir muchas posesiones y favoreció su enorme crecimiento.
Pero la prueba definitiva de que esta copa era el que se describía en aquellos poemas fue una inscripción que apareció en 1960. Mientras esta reliquia era sometida a un informe arqueológico apareció en su base un grabado. Tal y como decía el cantar, el Grial portaba algo escrito, para sorpresa de todos era una inscripción árabe.

“El poder maravilloso del Grial asegura la existencia de la comunidad de caballeros. Oíd cómo se sabe quiénes son llamados al Grial. En el borde de la piedra, una inscripción con letras celestiales indica el nombre y el origen, sea muchacha o muchacho, del que está destinado a hacer este viaje de salvación”


Estos análisis confirmaron que la parte superior de este objeto está formada por un cáliz de piedra tallado. La datación lo sitúan entre el siglo III ac y el I bc y procedente de una cantera de Palestina. Este tipo de copas, eran utilizados por las familias pudientes judías para celebrar le cena pascual. Objetos como estos, han aparecido solo en excavaciones arqueológicas. Uno similar lo podemos encontrar en el museo de Londres. Es sorprendente que una pieza tan frágil haya llegado a nuestros días. El resto joyería es de época medieval.
Hay que recordar que en las dos primeras obras literarias en las que aparece este objeto no se hace referencia a que fuese una reliquia cristiana. El primer poema en que se menciona “El Grial” , fue escrito en francés por Charetien de Troyes en 1183. En este cantar tampoco se dice que fuese la reliquia de la última cena.  Se trataba de un objeto que simbolizaba los más altos valores de la caballería. La valentía, el honor, la lealtad, la templanza, la generosidad y la humildad. Estos nobles ideales siguen siendo los atributos que esta reliquia simboliza.


La expansión de aquellos relatos que se extendían por todo el continente obligó a su cristianización. Por razones políticas, también se alejó la leyenda del Grial de su lugar original. Así en 1191 en la obra de Robert de Boron, el Grial aparece como la copa con la que José de Arimatea recogió la sangre de Cristo y la llevó a las islas Británicas.



SSP